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Una mirada desde el otro lado

¿Se imaginan un país donde el Estado es el único que puede defender los derechos humanos? ¿Un lugar donde ningún ciudadano o ningún grupo puede defenderse cuando sus derechos son atropellados porque ese trabajo es exclusivo del Estado?

Si la respuesta es que esa posibilidad se produce únicamente en los estados totalitarios como el de Corea del Norte, en la Unión Soviética de Stalin o en la China de Mao Zedong están en lo correcto. Bueno, casi en lo correcto.

Porque resulta que la idea de que el Estado es el único que legalmente puede defender los derechos fundamentales también está en la mente de algunos funcionarios y organismos del Gobierno ecuatoriano.

En efecto, en un oficio que la Secretaría de Comunicación de Fernando Alvarado ha enviado a Fundamedios se sostiene que ese organismo, que defiende la libertad de expresión, no puede incorporar a sus estatutos un artículo que dice que su función es la defender la libertad de prensa.

Literalmente dice así el argumento de la Secom: “Conforme el artículo 11 número 9 de la Carta Fundamental, el más alto poder del Estado consiste en respetar y hacer respetar los derechos garantizados en la Constitución, en consecuencia, resulta inadecuado e incongruente que una persona jurídica de derecho privado pretenda a través de reformas estatutarias internas atribuirse la calidad de defensora o protectora de los derechos fundamentales cuando la norma suprema claramente establece que tal obligación le corresponde al Estado ecuatoriano”.

El argumento es tan pueril y de tan desfachatado absolutismo que para hacerlo público, mucho peor en un oficio oficial, se necesita no haber conocido el concepto de la vergüenza o tener en mente un macabro y siniestro plan político. Sostener la exclusividad del Estado en la defensa de los derechos es desconocer de un plumazo una de las más elementales e importantes conquistas ideológicas de la humanidad desde el aparecimiento del Renacimiento y la Ilustración.

De llevarse a la realidad lo que sostiene la Secom de Alvarado, en el Ecuador se estaría estableciendo una situación en la que sería ilegal asociarse para defender los derechos humanos cuando éstos son violados por el Estado. Quien redactó el oficio y quien quiera que lo haya autorizado desconoce que es precisamente porque el Estado es el primer candidato a violar los derechos fundamentales que los humanos, en sus aspiraciones civilizatorias, lucharon y consiguieron el derecho a defenderse del poder estatal.

En un sistema en el que gobierne el principio que la Secom de Alvarado incluye en el oficio a Fundamedios no podría haber, por ejemplo, organizaciones sociales que defiendan los derechos ambientales ni el derecho a la educación porque, como dice el oficio de marras, esos derechos ya están consagrados en la Constitución y por eso únicamente la administración pública los puede defender.

¿En verdad el Gobierno tiene en mente una sociedad en la que rija la lógica que plantea la Secom de Alvarado? La simple posibilidad es escalofriante.

De aprobarse las enmiendas constituciones, este escalofrío pasaría a ser una amenaza inminente. No lo duden.

2 thoughts on “El macabro mundo que la Secom de Alvarado alberga en su mente

  1. Patricio Maldonado Lince dice:

    El artículo de Martín Pallares pone en evidencia, una vez más, la retorcida y tenebrosa personalidad de Fernando Alvarado y su aberrante y perversa concepción de que los derechos individuales no requieren de ninguna persona natural o jurídica que los defienda, porque, como estos derechos ya están consagrados en la constitución y las leyes, es al estado, y a nadie más que al estado, al que le corresponde velar por los derechos de las personas y no a los entes o personas privadas. Con este argumento lo que Alvarado pretende es que los ecuatorianos no tengamos ningún derecho ni libertad para defendernos de los abusos de los poderes públicos y, en el fondo, busca lo que en realidad quieren Correa y su revolución ciudadana: esto es que nos convirtamos en una sociedad de castrados y de borregos en la que nadie puede ni debe protestar ni oponerse a la voluntad y a las decisiones omnímodas de Rafael Correa. Para este gobierno totalitario, abusivo y prepotente, esta es la situación ideal, una sociedad en la que nadie objeta, nadie cuestiona y todos acatan sin chistar los mandatos del dictador supremo. Como dueños absolutos del poder, por ahora, ellos pueden, y lo harán, coartar el derecho de Fundamedios para incluir en sus estatutosel mandato de defender los derechos de los ciudadanos. Lo que no podrán probir jamás, es lo que sentimos millones de ecuatorianos: el más profundo desprecio y la mayor rebeldía ante un gobierno que nos avergüenza todos los días, ante un gobierno que hace mucho tiempo perdió contacto con la realidad, ante un gobierno que fomenta el odio y la violencia, ante un gobierno que de una fiorma criminal e irresponsable nos ha llevado a la peor crisis económica, moral y política de nuestra historia, y, en suma a un gobierno presidido por un megalómano que, si hay justicia en este mundo, debe acabar con sus huesos en la cárcel

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